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Llegando a São Paulo

Hay varias formas de venir a Brasil desde Argentina. Nosotros optamos por venir en colectivo porque salía de Retiro, pasaba por Posadas (Garupá en realidad) y paraba en São Paulo, además porque podíamos viajar juntos. El 7 de octubre de 2012, después de 22 horas de viaje yo y 35 horas Mariano, llegamos en colectivo a la terminal de Tiete. ¡¿35 horas?! Sí, era la opción más barata, directa y que podíamos traer más equipaje, además eran muchas horas para venir llorando y cuando llegábamos ya estaba todo ok, jaja.

Era domingo ese día y no teníamos ni idea de cómo llegar al lugar que nos íbamos a hospedar. Sólo teníamos una valija grandota cada uno y una mochila de mochilero. Ni bien llegás a la terminal los taxistas registran rapidito tu cara de perdido y empiezan a ofrecer sus servicios «¿taxi, taxi, taxi?».

Decidimos tomar un taxi nomas porque las valijas eran demasiado pesadas para andar arrastrando por ahí, sin contar que no teníamos ni la más pálida idea de dónde estábamos ni cómo manejarnos por ahí. En un portuñol bien forzado dimos la dirección y fuimos. Aunque llegamos a las 7 de la mañana de un domingo, la ciudad ya estaba con mucho movimiento, autos por todas partes, metrô ya funcionando, gente, gente, gente, gente (¡había sido que hay vida antes de las 10h un domingo!), mucha actividad en serio y eso fue lo primero que me impresionó (en Posadas lo máximo que ves es gente volviendo del boliche, a los chiperos y a los carritos de hamburguesa vendiendo como locos a esas personas que buscan algo para absorber el alcohol de la noche).

 

Mi cara al descubrir que hay gente que se levanta temprano los domingos (es broma, tá?)

 

Llegamos a la casa de nuestro amigo Rodrigo (que ya habíamos conocido un año antes en nuestra visita exploratória de la cual hablaré más adelante) y nos recibió uno de los chicos que vivía en la casa que era como una residencia, o sea, una casa grande con varias habitaciones y la gente alquilaba los cuartos. Ese día había elecciones para Intendente (prefeito) e concejales (vereadores) y como enfrente de la casa hay una escuela había muuuuuuchos papelitos de propaganda política por todas partes. Después supe que se llaman «santinhos» y que se llaman así porque a fines del 1800 las campañas se hacían alrededor de las parróquias y los candidatos colocaban su nombre en las estampitas y las distribuían (como explica este video). Hoy en día siguen siendo pequeños pedazos de papel con la información del candidato y parecen estampitas.

 

Algo así amanecen las ciudades en el día elecciones

 

Entramos, fuimos hasta nuestra habitación, dejamos las cosas, avisamos que llegamos bien a nuestra familia, nos dimos una ducha, después nos miramos y dijimos “¿..y ahora?”

Ese día empezaba una nueva estapa para nosotros. Si alguien nos hubiera dicho que a partir de ese día nuestra vida, mi profesión y nuestras creencias (no hablando religiosamente) iban a cambiar rotundamente, jamás lo hubiésemos creído.